Tengo miedo de que si miras algo el tiempo suficiente,ese algo pierda todo su significado.

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domingo, 28 de noviembre de 2010

Adivina quién es el lobo en esta história..

Había una vez una Caperucita sin príncipe.
Como cual caperucita se guiaba por un camino, un bosquejo que nunca tenía fin, y siempre llegaba al principio y volvía a empezar, exhausta. El lobo la entretenía, pero no era un lobo malo, o eso parecía.
Comenzó a pasar cada día por el camino donde estaba el lobo y la encantaba, por que se tiraban horas hablando de todo, y el lobo se la quedaba mirando fijamente con esos ojos que tanto encandilaban a Caperucita.
El lobo le parecía tremendamente interesante, él sabía de tantas cosas, se sentía tan tranquila, le parecía tan irreal, que aunque fuese un lobo feroz, ella le veía inofensivo.
-Tú estás hecho un lobo feroz.
-Tú a mí también me gustas mucho, Caperucita.
Los dos se llevaban muy bien, podían hablar de cualquier cosa, y había una magia inexplicable entre ellos.
Según pasaba el tiempo, Caperucita iba deseando más y más al lobo, y era completamente feliz viéndole y hablando con él.
Ella quería acercarse más al él, a si que con valor, lo intentó.
Se quedaron parados a esa distancia (im) prudencial. Durante varios segundos. Segundos que se prolongan en el tiempo hasta disfrazarse de minutos. A distancias tan cortas todos los segundos parecen largos. Pues en menos de un segundo llegarían a su destino. Pero se quedamos parados. Se los pensaron.
Y se quedaron a menos de un segundo de ese beso que nunca llegaron a darse. Caperucita, además de la caperuza, también tenía los labios rojos
-No caperucita, soy un lobo, soy un depredador, no quiero hacerte daño. Podría destruirte con mis garras y comerte, y no quiero Caperucita, eres muy delicada. Perdería todo el encanto, me cansaría de ti te utilizaría, y acabaría destrozándote. Eres realmente increíble, no quiero que se estropee así. Me das mucho más de lo que piensas con solo escucharme en un bosque o mirarme con esos ojos verdes azulados, disfruto mucho más que cualquier cosa física que se acaba con simples besos. Lo que el lobo no sabía es que Caperucita también tenía la rabia. Y que cuando muerde contagia. ¡Ah, y tenía hambre! Un pequeño detalle que se me olvidaba comentar. (Tal vez deberías asustarte un poquito, lobo.)
Aún así, Caperucita asintió, contenta, porque sabía que no hacía falta tocarse con las manos para poder tocarse, que ella le tocaba cada día con los ojos, y él con las palabras.
Sabía que esto la conduciría a algún sitio, No podía impedir que esta fuerte corriente la arrastre. Ya no tenía elección. Tal vez la llevaría a un mundo especial que jamás había conocido. A un lugar lleno de peligros, quizá. Donde se esconda algo que la infligiría una herida profunda, mortal. Tal vez perdería todo lo que poseía. Pero ya no podía volver atrás. Sólo podía abandonarse a la corriente que discurría ante sus ojos. Aunque se consumiese entre las llamas, aunque desapareciese a para siempre.A ella la merecía la pena, porque cada vez que le veía, sentía como si no hubiese vivido hasta ahora, cuando pensaba en el lobo, el corazón la sonreía.
Él era el culpable de que Caperucita se sintiera extrañamente bien.

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